A fin de cuentas soy igual a todas las demás chicas (aunque no
me guste admitirlo). Creo en las películas hollywoodenses que prometen que al
final el amor siempre gana, y que la última escena muestra el final feliz. Al
igual que todas espero a mi príncipe, al que más se le parezca para que me “rescate”,
me haga sonreír y tenga mi final feliz. Todavía quiero enamorarme. Aún creo que
puede haber uno que sea el indicado, aún canto canciones de amor y lloro con
las películas románticas. ¿No es patético?
Sería tan fácil si las cosas fueran blanco o negro, sí o no. Que
si nos gustamos estemos juntos y que si no es así cada uno siga su camino.
Ojalá no existiera esta calesita imparable en la que siempre se sube alguien
nuevo. Sería tan fácil reprimir todo sentimiento de pertenencia a una persona
la cual ni conozco, todo sentimiento que mantenga a mi cabeza aferrada a una
sola cosa: él.
A fin de cuentas, me arrebataron mi confianza hace un tiempo, y
no puedo no esperar la parte “fea”. Cuando me entere que tiene a otra (o a unas
cuantas), o que se ría de mi con sus amigos por cómo me habla, o que
simplemente lo aburra.
Quiero simplemente sonreír, y estoy sonriendo mucho. Odio al
amor y a todos sus prototipos de parejas, peleas y encuentros. Odio estar
sintiendo otra vez, odio a mi propio yo por ser tan indecisa. Necesito
respirar.
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